Calle del poeta Miguel Hernández, 19
(antigua Calle Real, enfrentico la iglesia)
La Zubia, GRANADA

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Y esto me lleva a mi propósito, que es escribir acerca de las causas eficientes y de las causas finales de los viajes.

Los ociosos que dejan su país natal para ir al extranjero tienen su razón (o sus razones) que se derivan todas de una de estas causas generales:

Las dos primeras abarcan a todos cuantos viajan por mar o por tierra, movidos por la curiosidad, la vanidad o el spleen, subdivididos y combinados ad infinitum.

La tercera categoría comprende a todo el ejército de los peregrinos mártires, y muy especialmente a los que viajan con beneficio de la clerecía; a los delincuentes, que viajan bajo la dirección de los gobernadores y encomendados por los magistrados... y a los jóvenes gentileshombres, a quienes traslada al exilio la crueldad de padres o tutores y que viajan bajo la vigilancia de ayos recomendados por Oxford, Aberdeen o Glasgow.

H ay todavía una cuarta categoría de viajero, pero su número es tan escaso que no merecería mencionarse salvo si en una obra de la naturaleza de ésta fuese imprescindible observar la mayor precisión y minuciosidad, a fin de evitar confusiones entre los caracteres. Me refiero a los hombres que cruzan los mares y van a establecerse en tierras extranas con intención de ahorrar dinero, por varias razones y con variados pretextos; ahora bien, seguramente se hubieran ahorrado y hubieran evitado a los demás muchas molestias innecesarias quedándose a ahorrar el dinero en su país, y como sus motivos de viajar son menos complejos que los de las otras clases de viajeros, designaré a estos caballeros con el nombre de:

Así, el ciclo completo de los viajeros puede reducirse a las siguientes categorías:

El viajero simple y, por último y con vuestro permiso, el viajero sentimental (es decir, yo mismo), que ha viajado tanto tanto por imperiosa nécessité como por besoin de voyager, ni más ni menos que cualquiera de los de esta categoría.

Si el lector ha viajado alguna vez, le bastará un poco de estudio y reflexión para determinar cuáles son su puesto y categoría en el catálogo, y esto supondrá algo de avance en el camino del propio conocimiento, si es que conserva todavía algún matiz o semejanza de lo adquirido o asimilado en sus viajes.

Fragmento del Viaje sentimental por Francia e Italia de Laurence Sterne (1713 - 1768) en traducción de Max Lacruz Bassols (Editorial Funambulista, Madrid, 2006).